NiÑOS... DULCES NiÑOS...

Cada jueves me saludan un poco más esfusivamente. Pero las despedidas son lo mejor... para ellos. El otro día se agolparon todos a mi alrededor para que les escribiera en la mano la sintonía de Radio Barbastro. Decenas de manos enanas a mi alrededor. "yo!" "yo!" "a mí!". Hoy ha sido peor. Se me han pegado a las piernas, a la espalda, a la tripa... "no te vayas!!!"; "ven a mi casa!"; "quédate!!!". Yo ya no sabía que hacer. Cuando ya estaba totalmente impregnada de ese olor a niño y llena de besos he llamado a una monitora para que me los quitara de encima. Esto es acoso en el trabajo!
Pero bueno, salgo de esa jauría (por la puerta de atrás) y parece que vuelvo al mundo real. O eso creía. Esta tarde he quedado con Ana para dar una vueltilla por el pueblo. Hemos pasado por la plaza del Mercado a eso de las 21h., abarrotada de gente. De repente dos diminutos se han parado en nuestras narices interrumpiéndonos el paso. Eran dos de ellos. Isabel comiendose algo de nocilla. Raúl con un muñeco de los Increíbles. Al princio todo iba bien. Era gracioso. Hablaban. Reían. De repente Isabel estaba untándonos los brazos con el chocolate ese. Se untaba los morros y nos besaba. Raúl se colgaba el muñeco dentro de los agujeros de la nariz, o se tapaba con las manos las orejas. A él lo han venido a buscar pronto, su hermana: "eres de la ludoteca? pobre... yo no aguantaría". No, no, yo sólo los entrevisto.
Solas con Isabel y su chocolate. Dos mujeronas de 20 años corriendo entre la gente delante de una niña de 6 años que nos amenazaba con un palote lleno de chocolate. Gritando. Y ella riendo.
Y el jueves otra vez...
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larlar -