Y CON LA VUELTA DE LOS ABABOLES AL CAMPO...
... vuelve también a actualizarse este blog. Ya es primavera, y no sólo en el Corte Inglés. A la vista de nuevas aventuras de quien comenzara la andanza de esta bitácora, y quien decide continuarla ahora, sin promesa alguna intentaré escribir de vez en cuando, como era costumbre.
Hoy hay poco que contar. Sólo que el día ha comenzado con desilusiones, los planes se han ido desquebrajando poco a poco desde primera hora de la mañana, pero bueno. En principio la idea ir a Fago de motera, algo que me hacía especial ilusión no sólo por ponerles cara a los personajes de la historia (pobrecillos, deben parecer monos de feria), sino también para retomar la costumbre 'motil', aparcada desde que llegó el invierno. Bueno, finalmente no hay podido ser por el malestar general de mi hermano, quien iba aser el conductor. Para otro día, quizá otro rato.
Visto lo visto, he decidido coger el perro (mi Panchito) y subir a la ermita de la Virgen del Plano, no muy lejos de mi casa y a la que no subía desde bien pequeña. Los niños y las madres del barrio solíamos subir allí a pasar las tardes porque hay buenos merenderos, con grandes sombras, y muchos columpios. Mi recuerdo de ese sitio era bueno, he pasado buenos ratos de chiquitina por allí, cuando siempre estaba lleno de gente... Pero vaya sorpresa. Para empezar: el camino está asfaltado, y rodeado de chozas nuevas. Quién dijo crisis? Al llegar, algo que de alguna manera me esperaba: los columpios están tiñosos, oxidados, rotos... obviamente, no hay ningún jniño, algo que también esperaba. Lo que no imaginaba es que toooodo el edificio está reventado!! la ermita está abierta, medio quemada, llena de basura... Lo mismo con la casa de quien en su día se hizo cargo del mantenimiento de la ermita, y también de regentar el bar. Tooodo destrozado, todo abierto, todo lleno de basura y de cristales. Habría entrado a fisgonear a no ser por el increíble afán de Pancho de comérselo todo. El bar también estaba destrozado, con butacas de la iglesia... Todo debastado, como si hubiera pasado por allí una guerra. Incluso el merendero, con bancos y mesas de piedra, está deteriorado, los árboles se ven como tristes, sin hojas, grises... Pareceía una peli de miedo. iba a bajar al río, pero vista la cantidad de basura acumulada en el acceso me he dado la vuelta en cuanto he visto a Pancho empezar a masticar...
Así que me he sentado en un banco lejos de tanta mierda y me he puesto a escribir una carta contando esto mismo, esta desilusión. tenía una imagen muy bonita de ese parque, de ese sitio, sinónimo de libertad en la infancia, de corretear, de jugar con piedras, a pillar, de bajar al río creyendo desafiar a la autoridad... Los pasábamos taaaan bien... Y lo he visto todo tan asqueroso, tan sucio, lleno de graffittis feos... Que sí, que vaya decepción ver cómo pasa el tiempo y cambian tanto ya no solo las personas, sino los lugares.

Soy obsesiva. Los pensamientos fijos me persiguen hasta la saciedad, cada cierto tiempo toca un tema diferente. Suelen estar relacionados con los hombres, pero esta vez he ido más allá. Esta vez es una mesa la que ocupa EL lugar en mi mente. La que aparece ante mis ojos me cruce con lo que me cruce. La que veo a mi lado cuando cierro o abro mis ojos. La que encuentro con las patas desparramadas en el suelo cuando intento soñar.
Hoy he cerrado por última vez la puerta de Radio Barbastro. Tras los calurosos deseos de suerte por parte de María Ángel y el sincero "llámanos cuando vuelvas y vamos a tomar algo todos" de Pepe he terminado mis primeras andanzas por la radio. Al salir he mirado el cartel enorme que hay en la fachada: SER; y se me han nublado los ojos. Estos dos meses han sido para mí una experiencia única. Además de lo mucho que he aprendido puedo decir que he estado trabajando duro y codo con codo con verdaderos profesionales. Un equipo de tan solo tres personas (Pepe, el director, María Ángel y Sergio, del que ya me había despedido por la mañana) que hacen de las noticias locales y comarcales algo realmente personal e importante. Compañeros que me han hecho reír y que se han reído de mí y mis inicios con tantos avances tecnológicos juntos. Periodistas que han confiado en mí como en una más y que me han hecho sentir una más.
Desde que estoy en la radio cada jueves por la mañana me toca ir a la Ludoteca municipal a hablar un poco con los críos. Me leen un cuento, me dices que se lo pasan muy bien, que no sé quién pegó a no sé qué otro, que la semana que viene lee ella primera, que a que hora se emite eso, que tal, que cual... Los críos, de normal, no me gustan. Pero bueno, estos al principio eran más o menos tranquilos, me respetaban... Nada es como antes. Les acaricias el pelo y te quitan el micro.
Llevaba una semana bastante jodida a causa de la puta regla; pero no podía resistirme a un año sin San Lorenzo. Y menos este, que han sido nombradas fiestas de interés turístico a nivel nacional. Tenía que ir! Ya sabía qué me iba a encontrar, pero es que me encanta... Unas fiestas tan callejeras en una pequeña ciudad, uah! Lugar de reunión de toda la provincia y parte del extranjero, no podía faltar. Con que fuí. Medio moribunda, pero fuí. La Flo vino a recogerme a la estación con una cara más de muerto que la mía si cabe, y al poco rato fuimos a comprar alcohol y algo de cena. Su hermana María, ella y yo, mano a mano, nos bebimos un total de una botella de vino (Viñas del Vero, que ya se nos ha hecho el morro fino), otra de ron y media de Martini. Nuestro estado? Imaginen, queridos lectores... pues como siempre, dando pena.
Viernes por la tarde. Recién lelgada a Barbastro después de un largo viaje. Suena el teléfono: Ana. "Santiago Carrillo está aquí! Vamos a la conferencia, a lo mejor tenemos suerte y nos dejan entrar!". Cojonudo. La tarde empezaba interesante. Llegamos a la UNED y, como esperábamos, sólo dejaron pasar a las personas que tenían invitación. Esperamos por si sobraban sitios, pero un chica con cara de extreñida nos aseguró que estaba todo repleto. Mientras esperábamos, aún con esperanzas, algún abuelillo comentó que él quería ver a Carrillo, que "había pasau por debajo la calle, que quería hacerle una foto...". Y nada, poco a poco la gente fué desapareciendo hasta que nos quedamos cinco. Cinco jóvenes con ganas de escuchar a Carrillo, pues sabíamos que esa era posiblemente la última oportunidad para verlo.
Hoy hace una semana que me llegó el siguiente sms de mi padre: "
joer, otra despedida... Pero si no me ha dado tiempo ni de ver a la mitad de la gente! Para empezar, porque muchos aún no habéis acabado los exámenes, y es que en dos días tampoco me ha dado tiempo de nada, encima rehaciendo la maleta...