¡UNA DE BRAVAS!
Esta es la historia de tres chicas que decidieron acoplarse a pasar un fin de semana en casa de Yaiza, en Vitoria. No les hizo falta invitación; ellas fueron y punto. Esta es la historia de Iratí, Pilar, Yaiza y una servidora.
No nos sentamos en nuestro sitio porque estaba ocupado; pero el de Pilar no. Sólo tenía a un buenorro en el lado de la ventanilla. Y ella, muy discreta y viendo cómo nosotras nos íbamos hacia detrás, no lo pudo resistir: “hey, q mi sitio es este!”. No tengas tanto morro, Pilar, y tira p’adelante!
El viaje fue ameno. Pilar y yo intentábamos estudiar; pero un maquichungo con tatuajes de cruces en los brazos escuchaba banda sonora de “Pasión de Gavilanes” a toda leche. Y encima tenía el delito de dormirse. Iratí se enamoró.
Lo primero que hicimos nada más llegar a la capi fue ir a casa de la anfitriona, y ahí comenzamos nuestros quehaceres: comer. Iratí empezó a soltarse... y lo que no consiguió soltar en todo el fin de semana fue el plato del jamón. Yaiza no lo podía evitar, y como ya tiene novio lo de comer chorizo picante sin parar no le importaba. Cuando llegó Marisol nos pilló a todas con la boca llena; lo que no sabía es que no nos vería de otra manera en todo el fin de semana.
Cenamos a destajo, porque como todo esta cerca en Vitoria tuvimos que correr durante un rato majo hasta el casco. Yaiza, no vives cerca. Lo peor es que la patas largas esta no se fijaba en las patetas de Pili y las mías. Total, que llegamos al casco con agujetas, flato... Hicimos la maratón antes de tiempo.
Jugamos unos futbolines con unos muñecos ortopédicos mientras nos adentrábamos en la noche... el kalimotxo llegó a nosotras. Anduvimos por bares (que estaban cerca, claro) bebiendo sin parar. Y al final... pues nos enchuzamos, como estaba mandao. Terminamos la noche con unos cánticos populares por el casco del tipo de “mi carro”, “ni más ni menos”, “soy un gnomo” y otros éxitos.
Fuimos a casa en taxi, y Pilar se pidió el sitio de delante. Si le gusta no podemos hacer nada. No sé qué dijo el taxista, yo la verdad es que no me acuerdo de mucho. Sólo sé que al llegar pillamos el jamón y el queso por banda (Yaiza continuaba con su chorizo a las 5 de la mañana) y volvimos a lo nuestro. Almorzar es importante.
Ya con la tripa llena nos fuimos a dormir. Hay que destacar el pijama de raso rosa palo de Yaiza. Qué bello. Qué miedo. Iratí y yo, que nos metimos en la misma habitación, aún estuvimos de charrada un rater. No me dejó dormir... es un poco pedorra.
Nos levantamos sin mucha prisa, nos duchamos y volvimos a la cocina. Macarrones con chorizo y pechugas con pimientos. Y... sí... nos levantamos con hambre. Pili comenzó antes que nadie con los langostinos de Brasil que le habían comprado a ella específicamente. Su cara de felicidad y su asentimiento sin hablar lo decían todo. Fue en este postre cuando comenzamos a probar todos los tipos de helados que había en el congelador de la casa.
Pili yo teníamos que estudiar, así que después de comer nos llevaron en coche a una biblioteca. No nos vamos a engañar, íbamos por si nos encontrábamos con algún buenorro por el camino; pero no. Al salir apareció Yaiza en su coche con los cuatro intermitentes dados y gritando con unos gallos descomunales: “coOoOorrer al semaÁaforoOo!!”. Que pena no poder reproducir su voz.
El día anterior fuimos a Maitxu en busca de porros, pero no tenían. Así que ahora íbamos a otro a buscar suerte. Las cuatro montadas en el coche. Yaiza que quiere aparcar en un sitio de minusválidos hiperpequeño. Y que no puede. Y que roza al de delante con el morro. El abuelo que se arrima y le dice qué tiene que hacer. Contestación de Yaiza con voz de gallina y cara de perro triste: “pero me aparcas el coOoche?”. Comienzan las risas. Y el abuelo pasando del tema. Esta frase nos acompañaría durante el resto del fin de semana. Al final aparcó en otro sitio.
Volvimos a casa para cambiarnos, “picar algo” y correr de nuevo hacia los bares. Eso de picar algo se convirtió en terminar las pechugas. Bueno, creo que quedó media, porque Yaiza pronto se pasó al chorizo.
En el camino Pili se detuvo a sacar dinero en el BBVA de Iparralde y, no sé cómo, al salir no nos encontraba. Oye, pero un montón de rato esperando y que nada. Y resulta que la tía había cruzao de acera y todo! Será un señal? No, seguro. Tuvo que llamar para encontrarnos, no sé... Que traviesas, mira que no vernos detrás del coche aquel... ay!
Llegamos al bar donde una de las amigas de Yai celebraba el cumpleaños. Nuestro acople había llegado a límites insospechados. Sacó patatas bravas y los katxis de cubata que elegimos entre Pilar y yo. Sí, sí, acojonante. Pero lo mejor fue que también fuimos, junto a Iratí, las que primero empezamos y últimas acabamos de la mesa. Nos mirábamos cómplices... sabíamos que estábamos gorroneando hasta la saciedad, y nos gustaba. Menos mal que la peña se enchuzó pronto y no se percataron mucho, se distraían colgándose papel higiénico al estilo “mami” o “karate kid” (bueno, yo también...) o tirando banquetas para ver si nos echaban del bar, jaja! Y nosotras seguimos gorroneando, ahora a la siguiente cumpleañera, chupitos. Nada nos podía detener.
La voz de Yaiza cada vez era mejor. Llegamos a no entenderle nada, sólo nombres. Era una gallina real. E Iratí y yo que no podíamos dejar de reír... Parece que éramos las únicas que nos dábamos cuenta. “Pero que la SusaAaAana iwei´ñññiieriieeweñ!!”. Así eran sus frases. Bella cual estrella. Bueno, todo cual estrella (o camella en su defecto, según).
Después de hacernos 20 fotos iguales en la plaza esa tan famosa que salía llena de globos en las fotos de Josu Bilbao nos fuimos al Txokito. (...) Conocimos a los hijos de la lechera de arriba del pueblo de los de la Polla Records, todos muy majos. Esta vez el dj-camarero no nos puso la conga, pero asistimos a una caída de banqueta con dos tíos encima monumental. Empiezo a no acordarme de las cosas... sólo de la voz de Yaiza. También a deswtacar cómo el camarero abría la puerta y la camarera la cerraba, uno detrás del otro.
Terminamos la noche en el “esprí”, donde nos juntamos con Perdi y su cuadri. Qué pena que con la música tan alta no se le oyera bien a Yaiza.
No sé cuándo nos fuimos, pero llamamos a taxi igual durante 20 minutos. De mientras compramos comida, que ya teníamos hambre. Pilar pidió una de “jojitos” así, tal cual. Y conseguimos taxi, y Pilar que otra vez quería ir delante.
Por fin llegamos a casa. Era tarde. Dormimos muy bien. Bueno, hay que decir que Pili madrugó todos los días para chatear. Cuando entró en la habitación, lo primero que dijo fue: “bien! Hoy langostinos!”. Parecido fue el despertar de Iratí: “mmm, huele a comida”. Así que después de una duchita bajamos de nuevo a la cocina. Esta vez nos infiltramos en una comida familiar con abuela, tíos... y nosotras, claro. A Iratí le gustó mucho el paté; una vez que se terminó el jamón no paró hasta terminarlo también. Pilar seguía con sus langostinos. Pillamos con tantas ganas los entrantes que no pudimos con el bacalao; aunque Pili se vio obligada a comerse un par de pimientos rellenos que Marisol hizo expresamente para ella; sobraron unos pocos, pero se los llevó en un tupper. Pilar, no Yaiza. Las demás pasamos directamente al helado.
Ah! Yaiza estaba muy guapa con el pelo sin planchar. Su flequillo al estilo “cola de ballena” le quedaba genial, no sé por qué no se lo deja así. Su voz era igual.
No sabemos muy bien por qué, pero Pilar miraba mal a la tía de Yaiza. ¿Tal vez por el atractivo de su tío? Total, 62 años no son tantos.
Nos fuimos al macro-chino después de despedirnos de la familia de Yai. Hicimos un amigo invisible cutre y emblemático. A Iratí le tocó un cuchillo jamonero por su afán a comérselo; a Pili una de bravas; a Yaiza una pizarrita para que deje de hablar; y a mí... una muñeca que canta, baila, brilla, y da más miedo que otra cosa. Nada podía ser más chino. Lo mejor es que nos lo dimos dentro de un bar, y la gente nos miraba. Bueno, también porque no parábamos de reírnos de todas las cosas del finde.
Un par de días sin duda para recordar. Muyyyy buenos. Mucha risa, mucha. Las fotos las podéis ver en mi space msn: http://spaces.msn.com/ababol85 . Y yo... ¡Me voy a aparcar el coche!

Llevaba una semana bastante jodida a causa de la puta regla; pero no podía resistirme a un año sin San Lorenzo. Y menos este, que han sido nombradas fiestas de interés turístico a nivel nacional. Tenía que ir! Ya sabía qué me iba a encontrar, pero es que me encanta... Unas fiestas tan callejeras en una pequeña ciudad, uah! Lugar de reunión de toda la provincia y parte del extranjero, no podía faltar. Con que fuí. Medio moribunda, pero fuí. La Flo vino a recogerme a la estación con una cara más de muerto que la mía si cabe, y al poco rato fuimos a comprar alcohol y algo de cena. Su hermana María, ella y yo, mano a mano, nos bebimos un total de una botella de vino (Viñas del Vero, que ya se nos ha hecho el morro fino), otra de ron y media de Martini. Nuestro estado? Imaginen, queridos lectores... pues como siempre, dando pena.
Jueves: Miguel Ríos. Viernes: Rafael Amargo. Sábado: Marta Sánchez. Domingo: Bonnie Tyler. Actuaciones más o menos variadas y de prestigio teniendo en cuenta que hablamos de BArbastro. Muestra Gastronómica con los mejores platos de la tierra acompañados por los caldos que dan nombre a este festival: FESTIVAL VINO DEL SOMONTANO, que llegaba ya a su VI edición. 3'5 tres tiques degustación; un poco caro, pero bueno, es lo que tiene lo de querer pichar tan alto. Cuatro días de alcoholismo puro y duro. Cuatro días en los que el botellón se cambia por la botella fina y cara. Cuatro días de muerte total... Estas son algunas de las cosas que recuerdo y me apetece destacar, aunque sé que se me quedarán muchas en el tintero...
Botellón: 1'30. Viaje de ida y vuelta: 3 euros. Litronas y cubatas en la barra: ni idea porque no pagué ni uno. Estar con tó Txus en la plaza de un pueblo: no tiene precio. Bueno, y tampoco tiene precio el puto viaje en el bus rodeadas de quinceañeros gritando, ligando y cantando. Pa otra vez o nos embufamos antes o en coche!
Seis de la tarde. Un cartel en la puerta te indicaba: "euskal jaia '05, ongietorri". El Unamuno lleno de caseras y caseros. Txalapartaris, un perfecto coro euskaldun y hasta el aurresku, que incluso me emocíonó a mí. Yo también me vestí, no iba a ser menos. Llegaron a decir que llevaba el traje más bonito; no me extraña, cortesía de Naikari (gracias prexioxa!). Y txakolí. Mucho txakolí. Tanto txakolí que en la cena ya íbamos todos con un pedete considerable. Piperrak de Gernika, morcillas, queso de por aquí, caldo, pastel vasco... y muchísima sidra. Tanta sidra que en vez de 3 bertsolaris veía 6. Gracias a mis traductores simultáneos Fernan y Ainhoa, de qué me hubiera yo reído sin ellos a mi vera. Por cierto, muy guapos los bertsolaris. Y a por el patxarán. La noche se me empieza a nublar ya. De charrada con todos, como de costumbre, y haciendo amigos. Qué gozada. La caserita de Huesca, qué bien se lo pasó, joder. Creo recordar que fuí al Antzoki en taxi, pero tengo que verificarlo más que nada para saber si tengo que pagar algo. Una vez allí fuí a saludar a mi amigo el Dj, me hice amiga del otro y ahí me pasé buen rato de la noche, en la cabina, recogiendo peticiones de mis colegas unamunenses, que cuanto menos fliparon al verme ahí metida. Luego... recuerdo un coche, y de ahí paso al Comic, un after. Imagino que por el medio estaría algún otroi bar, se lo preguntaré a la Punky, que sé que con ella estuve. Y con ella terminé la noche, mano a mano. Gran fiesta. Grandes tradiciones las de aquí. Y gran gente.
Menuda noche la de ayer... Para no olvidar! Llena de sentimientos a flor de piel, de lágrimas, de besos... Estuvo muy bien , la verdad.